lunes 19 de octubre de 2026 - Edición Nº3578
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Panorama

La alianza que gobierna la provincia cruje en su columna vertebral: el entramado pejotista cristinista massista

La foto del Día de la Lealtad terminó de exponer las grietas que atraviesan a la columna vertebral de la alianza que gobierna la principal provincia argentina.


El gobernador y presidente del PJ bonaerense Axel Kicillof encabezó su propio acto en La Matanza, mientras el kirchnerismo estuvo repartido en dos escenarios: La Cámpora se concentró en San José 1111, frente al departamento de Cristina Fernández de Kirchner, y Máximo Kirchner viajó a Chaco para compartir actividad con senador nacional Justicialista Jorge Capitanich.

En el medio, intendentes, legisladores y dirigentes territoriales tuvieron que administrar sus equilibrios, tomar partido o encontrar alguna excusa para evitar una definición pública. Sergio Massa fue a visitar a CFK a su departamento.

La postal de este 17 de octubre no fue solamente una muestra de las diferencias entre las distintas facciones que gobiernan la provincia. También dejó en evidencia el deterioro de una alianza que hasta hace algunos meses tenía intermediarios dispuestos a trabajar para recomponer la relación entre el gobernador y el resto.

Después de las declaraciones del ministro Carlos Bianco, que puso en duda el acompañamiento a CFK en caso de que pudiera ser candidata, las cosas se pusieron cada vez peor.

Luego aparecieron las críticas de dos dirigentes que venían manteniendo un llamativo silencio, un signo de paz, sobre la interna. Sergio Berni, jefe del bloque de Fuerza Patria en el Senado bonaerense, sostuvo que Kicillof “no conduce ni al Movimiento Derecho al Futuro”. Mayra Mendoza, diputada provincial y referente de La Cámpora, fue todavía más directa al plantear que, si CFK no es candidata, “Javier Milei reelige”.

Mientras tanto, la política bonaerense ofrece una agenda cargada de asuntos que obligarán a mantener conversaciones entre los distintos espacios. El calendario electoral, la discusión del Presupuesto y la ley fiscal, las reelecciones de los intendentes y las vacantes en la Suprema Corte impondrán instancias de negociación.

Sin embargo, en ninguno de esos frentes parece haber, por ahora, condiciones suficientes para convertir el diálogo institucional en una tregua política.

Tanto en el kicillofismo como en el cristinismo circulan escenarios de competencia fragmentada, incluso con la posibilidad de una elección dividida en cuatro espacios.

El massismo, en cambio, sostiene que sin unidad no hay chances de construir una alternativa competitiva. Una preocupación similar aparece entre los dirigentes que disputan intendencias y territorios, donde una división de la alianza que hoy gobierna es observada como un riesgo para la continuidad de sus propios proyectos políticos.

En el MDF ubican en mayo el momento para sentarse a discutir el armado político y electoral. En el campamento cristinista, la lectura es exactamente la contraria. Insiste en la necesidad de discutir antes de fin de año el paquete electoral completo.

La diferencia de diagnósticos deja poco margen para una negociación: mientras un sector reclama esperar, el otro pretende apurar las conversaciones.

Alto Jardín

El intendente interino de Tres de Febrero, Rodrigo Aybar, dio por superada la divergencia que surgió con un sector de vecinos de Ciudad Jardín, que rechazan la instalación de un complejo de canchas de pádel y un edificio de 7 pisos de altura en la zona por considerar que cambiarán para siempre la fisonomía del barrio.

“Desde el punto de vista técnico-jurídico entendemos que ambas obras son legales y están conforme a norma. Evidentemente, el desarrollador encontró esa posibilidad de englobar parcelas para obtener una mayor altura”, dijo el jefe comunal que de alguna forma tiene que responder por cuestiones que fueron autorizadas por el intendente en uso de licencia Diego Valenzuela.

Si bien los habitantes de esa localidad continúan en estado de alerta y movilización, y esperan la respuesta de la Justicia frente a lo que entienden como “una ilegalidad”, lo que se modificó en las últimas horas es que se abrió un “diálogo directo” con autoridades municipales, algo que mientras estuvo Valenzuela no se había podido hacer.

A partir de ello, representantes del oficialismo insistieron en que una reforma, que se enviará al Concejo Deliberante, del Código de Ordenamiento Urbano (COU) contemplará una serie de capítulos especialmente orientados a Ciudad Jardín tomando las inquietudes vecinales.

“Los vecinos tienen todo el derecho de realizar planteos en la Justicia porque entienden que no se ajustan a norma y, en ambos casos, hay expedientes iniciados para dirimirlo. También entendemos la preocupación, y por eso salimos con esta idea de poner ‘un plano límite’ a toda la localidad, que en el futuro impedirán desarrollos de más de tres pisos”, enfatizó Aybar.

El argumento del Ejecutivo local para considerar como legales las obras en desarrollo está dado por el Decreto-Ley 8912, que rige en toda la provincia donde se prevé “la unificación de parcelas y obtener mejores indicadores y posibilidades de constructividad”. En el caso de ambos emprendimientos fue lo que hicieron las empresas desarrolladoras.

“Un edificio no deja de ser una zona residencial. Uno puede discutir si le gusta más o menos la altura y si le parece más o menos adecuada, pero francamente 7 pisos no es que estamos metiendo un rascacielos. No deja de ser una vivienda multifamiliar, con más altura porque logró mayor superficie, que mantiene las condiciones que tiene el barrio”, recalcó Aybar.

Y concluyó: “por eso en Ciudad Jardín, por más que se unifiquen parcelas, vamos a aplicar un límite plano. No más de 12 metros de altura, equivalente a planta baja y tres pisos, para que no suceda esto de poder obtener mayor superficie”.

En síntesis, las obras de la discordia no se detienen pero para el futuro habrá “límite plano”, “creer o reventar”; pero quien va a desconfiar de la dirigencia política.  

El primero

El ministro de Infraestructura Gabriel Katopodis se transformó en el primer precandidato filo oficialista en blanquear su intención de competir por la posibilidad de suceder a Axel Kicillof.

Durante una actividad política en Mar del Plata, el ministro se anotó entre los aspirantes a gobernador y buscó enmarcar su proyecto en la continuidad de la gestión provincial.

La definición también funciona como una señal hacia la interna que campea dentro de la alianza de gobierno, donde el armado de candidaturas empieza a ocupar un lugar central.

“Por supuesto que me gustaría conducir los destinos de esta provincia. Me siento con la confianza suficiente para encarar todos los cambios”, afirmó el ex intendente de General San Martín, que supo ser fundador del Frente Renovador de Sergio Massa pero que hoy se muestra como un jugador equidistante, desde el MDF, dentro de la alianza que gobierna.

Pero el ministro no se limitó a blanquear sus aspiraciones: también reclamó que la disputa se resuelva en las urnas y defendió la realización de las PASO. “Los candidatos del peronismo los tiene que elegir la gente; tiene que haber PASO”, sostuvo, en un mensaje que apunta a no avalar cualquier intento de ordenar la sucesión mediante acuerdos de cúpula.

En paralelo, Katopodis buscó respaldar su posicionamiento con la agenda de gestión y puso el foco en la obra pública, uno de los ejes que el oficialismo bonaerense contrapone a la política de ajuste del Gobierno nacional.

En ese marco, aseguró que la primera etapa de la Rambla de Mar del Plata registra un avance del 90% y destacó las intervenciones sobre las rutas provinciales 11 y 88, dos corredores estratégicos para la circulación en la costa atlántica. Gestión y proyección electoral empiezan así a convivir en el discurso del ministro.

Pero antes de que el funcionario abandonara “La Feliz”, rápido, casi en simultaneo, un diputado opositor de esa ciudad, Diego Garciarena salió al cruce de esas expresiones del ministro.

“Katopodis quiere ser gobernador para 'darle continuidad' a Kicillof. Es honesto lo que dijo: promete más de lo mismo”, sostuvo y, con cierta ironía, detalló "más rutas rotas, más barrios bajo el agua, la Rambla de Mar del Plata tomada y sin terminar, IOMA sin servicios, la inseguridad arrasando con la paz de los bonaerenses, más anuncios y menos obras".

El trio transitorio

En Almirante Brown, los actos de gestión también funcionan como una señal política. La entrega de certificados a los trabajadores municipales que completaron el Programa de Formación para Mentores Municipales fue una nueva postal del esquema de poder que hoy ordena al oficialismo local.

El intendente interino Juan Fabiani, la jefa de Gabinete, Paula Eichel, y el diputado provincial de Unión por la Patria e intendente en uso de licencia, Mariano Cascallares, compartieron escenario y volvieron a mostrarse como parte de un mismo dispositivo político. Pero la repetida foto está dejando una lectura que excede el contenido del programa.

En un distrito donde la continuidad política también se construye a fuerza de gestos, presencias y equilibrios internos, la exposición conjunta del trío del “almirantango” parece responder a una lógica precisa: sostener la imagen de cohesión y evitar que las especulaciones sobre el futuro alteren el funcionamiento del presente.

Por ahora, Fabiani, Eichel y Cascallares comparten la escena y una estrategia de convivencia que permite mantener bajo control las diferencias y postergar cualquier discusión sucesoria.

El interrogante es cuánto puede durar ese equilibrio, porque, aunque hoy los tres integren la misma foto, en la política browniana saben que habrá que discutir quién será beneficiario principal de un reinado que lleva sus años, más temprano que tarde.

El bolillero, por ahora, sigue girando. La disputa por el lugar central podría poner a prueba la armonía que hoy se exhibe en cada acto público. Será la bolilla que pase por la tronera la próxima estrella que alumbre el distrito de los Villaverde y Giustozzi, que ahora está bajo la estela de Cascallares.